lunes, 29 de enero de 2018

GIJÓN, ESPLÉNDIDA SONRISA DE ASTURIAS.




                                                      Gijón es la última y espléndida sonrisa de Asturias, después de su abrupto, abismal recorrido al borde mismo de sus entrañas de carbón, junto a las pomaradas jocundas y los prados con vacas y danza prima de las romerías, Gijón cede a Oviedo la capitanía espiritual del paso antiguo de la Reconquista. Don Pelayo se enfrasca en las montañas, para iniciar en Cangas de Onís su último sueño de grandeza. Sus sucesores llegarán pronto a Oviedo, para saltar después hasta León. La playa pescadora gijonesa queda atrás, con sus hombres de mar avizorando en la lejanía azul la embestida inútil de los normandos. Oviedo se desarrolla en su fermento godo y medieval, su Cámara Santa y su Cruz de los Angeles. La hora de Gijón no ha llegado todavía.






                                                 A Gijón le esperaba la Edad nuestra, con incensario múltiple de sus chimeneas, su tráfago naviero, su apogeo comercia. Gijón llega a su cenit en nuestros días, como para patentizar la permanencia constante de una Historia que se hace vida, impulsos e ilusión. Su "rula" famosa, de acentos vernáculos, entre tufaradas de pescado acabado de descargar y olores a brea del puerto, rico en mástiles, da el contrapunto - del lado de acá de Cimadevilla- a la otra voz cosmopolita y elegante del Club Náutico y de la playa espaciosa. Porque éstas son las dos cara de Gijón, los dos planos de su medalla: el trabajo y la diversión, el esfuerzo tenaz y el ocio placentero, el puerto y la playa. Pero, como un brazo tenso de recios músculos y poderosas garras, el Museo revalida para Gijón su puesto en primera línea de la industria y pujanza nacionales.



                                               Gijón sabe trabajar, mas sabe también sonreír. De aquí esa difícil armonía de su vida rica y plena, que brinda siempre al forastero, mientras la sombra de Jovellanos, su hijo más ilustre, le acompaña, como para ungir con los dones del espíritu el desvelado afán de cada día, que ha hecho a Gijón orgullo de Asturias y gozo de España...
                                                                                   Lope MATEO
                                                         Premio "Manuel Llorente" de la Real Academia Española.